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lunes

Tordo renegrido

El Tordo renegrido (Molothrus bonariensis), más conocido en nuestro pueblo como Morajú con claras sonoridades guaraníticas en el nombre, es el gran usurpador del monte.
Este cómodo pirata rechaza la arquitectura y la paternidad o maternidad por igual. No construye nidos y tiene una muy preparada estrategia para conseguir padres sustitutos para sus hijos. No se priva eso sí de la parte festiva de la cuestión, algo así como sexo sin consecuencias. 


Cuando llega la primavera y el llamado de la procreación se hace impostergable, la bandada comienza con sus rituales de selección. Los machos se acercan a una hembra con las plumas erizadas, arqueando las alas y con graves ronroneos mientras aletean y se sacuden.
Entonces algún macho levanta vuelo, gira alrededor de la hembra cantando en forma aguda y luego va a posarse a alguna rama alejada. La hembra, que sigue todo con estudiada indiferencia, después de un momento irá a buscar al compañero elegido.
Como en muchos pájaros, hembra y macho son bien diferentes. El macho es totalmente oscuro desde el pico hasta las patas, con un negro intenso de brillos púrpuras y azulados.
Mientras que la hembra es de menor tamaño y tiene un color pardo grisáceo más claro en la zona ventral. Los pichones al emplumar presentan un color similar a la hembra pero con el pecho más estriado. 
Una vez fecundada, la hembra inicia la búsqueda por la zona de un nido apropiado que se encuentre en el período de postura. Aunque no desestima ningún nido, los horneros suelen ser una de sus frecuentes víctimas.
Cuando la hembra encuentra un nido habitado pone allí subrepticiamente sus huevos que son de un notable polimorfismo. Es decir, la evolución de su estrategia le ha ido proveyendo de un singular recurso por el que sus huevos para no ser reconocidos por el hospedante pueden tener variadas formas y colores. Ser ovalados o esféricos, blancos puros o con pintas y manchas marrones, lilas o grises. 
 
De esta manera, el tordo funciona como un verdadero agente de control demográfico sobre las especies que parasita. En primer lugar, la hembra del Morajú pica a alguno de los huevos que puede hallar en el nido usurpado provocando su destrucción. Además, como los huevos intrusos eclosionan antes que los otros, los pichones parásitos tendrán una considerable ventaja al momento de la competencia por el alimento. Los otros tendrán un desarrollo deficiente o incluso no llegarán a nacer a causa del descuido de sus adultos ocupados en alimentar al precoz y hambriento pichón. 
Algunas especies víctimas del invasor también han desarrollado comportamientos para contrarrestarlo y pueden reconocer los huevos intrusos por las diferencias de color o tamaño y tirarlos fuera del nido. Estas respuestas son variables de acuerdo a las zonas y no siempre efectivas. 
La Tijereta puede reconocer los huevos manchados y los blancos, en cambio la Calandria y el Pecho amarillo distinguen sólo los blancos y aceptan los manchados. El Hornero, en cambio, los reconoce por su tamaño cuando los del Tordo son más pequeños, pero acepta los más grandes.
Los Tordos son pájaros gregarios que gustan de hacerlo todo en grupo. Se alimentan de semillas silvestres o cultivadas y suelen andar en ruidosas bandadas junto a cualquier tipo de ganado, picoteando a su lado o encima de sus lomos.

Para dormir se refugian todos juntos en algún árbol hasta el amanecer o con frecuencia al llegar el invierno se instalan en la plaza del pueblo donde no tienen problema en asociarse y compartir el espacio nocturno con otras especies.