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sábado

Crespín

El Crespín (Tapera naevia) me había convocado varias veces en el monte con su sencillo silbo que a veces parece resonar a pocos metros y otras, se pierde en la lejanía. En varias ocasiones había oído su agudo lamento sin poder encontrarlo, hasta que en el viaje anterior había logrado verlo sobre la punta de algunos árboles, pero sin dejarme acercar en ninguna ocasión. Apenas intentaba acercarme se perdía en la espesura. 

En un viaje de verano, mientras iba siguiendo el inquieto andar de un Piojito, por casualidad me topé con una cría ya bastante grande que estaba petrificada en la rama de un espinillo.

 

Me llamó la atención la total quietud de ese extraño pájaro que no lograba identificar en ese momento. 
Como estaba entre unas ramas que lo ocultaban y luego de un largo rato, comencé a tirarle ramas y pequeñas piedras tratando de hacerlo cambiar de postura. 
Después de varios intentos decidió moverse de lugar y pude tomarle algunas  fotos.

 Cansado de mi presencia, finalmente decidió irse a otro espinillo después de un corto vuelo. Pero como lo seguí hasta allí manifestó su mal humor levantando un eréctil copete que me hizo recordar su inicial parentesco con los viejos dinosaurios.